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El tabaco y las enfermedades profesionales

El tabaco y las enfermedades profesionales
19 nov

El tabaco y las enfermedades profesionales

Con motivo de la celebración del Día Mundial de la EPOC, que se celebrará el próximo 21 de noviembre, desde el Departamento de Prevención de riesgos laborales se pretende concienciar especialmente esta patología, destacando que no es una sola enfermedad, sino un concepto general que designa diversas dolencias pulmonares crónicas que limitan el flujo de aire en los pulmones. Los síntomas más comunes son la disnea, o «falta de aliento», una excesiva producción de esputo y una tos crónica. Sin embargo, la EPOC no es sólo la «tos del fumador», sino una enfermedad pulmonar potencialmente mortal que conduce de forma progresiva a la muerte.

Según estimaciones recientes de la OMS (2004), actualmente unos 64 millones de personas sufren una EPOC, y 3 millones de personas fallecieron. La OMS vaticina que la EPOC se habrá convertido en la cuarta causa de muerte en todo el mundo en 2030.

Como primer paso, ante este reconocimiento y prevención de la situación, se han identificado los agentes cancerígenos presentes en el ámbito laboral, cuya exposición causa a los trabajadores/ras durante su jornada y vida laboral, un efecto nocivo en su salud. Esta identificación permite establecer mecanismos de evaluación, eliminación y control, en cada caso particular, para detectar precozmente posibles enfermedades profesionales y así prevenir sus efectos.

Aunque a simple vista, resulte sencillo, la averiguación y determinación, por una parte de la capacidad cancerígena de agentes físicos, químicos y biológicos presentes en el trabajo; y por otra de las causas de la aparición de enfermedades profesionales por exposición a dichos productos, en realidad es un proceso complejo, cuyo debate y contradicciones en diversas investigaciones, nos llevan hoy en día, a tener en cuenta posibles factores extralaborales para obtener una conclusión más evidente que nos permita promover y establecer políticas y estrategias más precisas, integradas no sólo en el ámbito laboral, sino social.

En este sentido, las investigaciones llevadas a cabo por distintos organismos nacionales e internacionales de la salud, determinan la existencia de factores de riesgo no ocupacional, relacionados con hábitos no saludables de la persona, entre otros, que ayuda en muchos casos a desencadenar y agravar la aparición de enfermedades profesionales.

Cabe centrar nuestra atención en la influencia del tabaco dentro del ámbito laboral como potenciador de aparición de muchos cánceres ocupacionales y otras enfermedades derivadas del trabajo; ojo, no sólo para el fumador activo, sino también para el fumador pasivo.

Por otra parte, la exposición en altas dosis a agentes químicos irritantes como el ácido hidroclórico, dióxido de azufre o amoniaco, inducen y agudizan  la aparición de enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC), en concreto el  asma ocupacional en un 10% de los trabajadores expuestos. Dicho porcentaje se ve incrementado si coexiste con otros factores como presencia de rinitis, alergias, conjuntivitis y consumo de tabaco.

Concluyendo, la aparición y desarrollo de este tipo de enfermedades profesionales, donde el consumo de tabaco asume un papel protagonista, no solamente tiene un impacto negativo para la salud del trabajador/ra, sino también implica un elevado impacto socioneconómico generado por las incapacidades a largo plazo y costes derivados de tratamientos médicos y trámites legales que todo este proceso conlleva.

Consecuencia de dicho impacto socioeconómico, existen sentencias firmes publicadas recientemente donde los jueces ya han empezado a tener en cuenta la evidencia científica al fijar indemnizaciones derivadas de incapacidades permanentes. Destacar la actuación de un juez de Vitoria que ha reducido a la mitad la indemnización concedida a la viuda de un trabajador fumador que había fallecido de un cáncer de pulmón tras haber trabajado durante años expuesto a inhalación de fibras de amianto, al considerar concurrencia de culpas entre el trabajador por fumar y la empresa por no establecer medidas adecuadas para haber evitado la exposición al riesgo.

Presentada la demanda de daños y perjuicios, la familia reclamaba 143.038,81 euros. Y finalmente el Juzgado de lo Social Número 3 de Vitoria «acepta la minoración de la indemnización por la concurrencia de culpas entre la empresa infractora y el trabajador con hábito tabáquico, dado el efecto sinérgico de ambas en el adenocarcinoma pulmonar». La indemnización ha sido el 45% de la cantidad reclamada.

El juez tuvo en cuenta la evidencia científica que se muestra en el gráfico siguiente:

GRAFICO

 

Fuente: Prevencion Integral & ORP

Son razones suficientes para dejar de fumar. Nunca es tarde!

                                                                                                                                             Salud López Sánchez

                                                                  Departamento Prevención Riesgos Laborales Activa Mutua

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