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Alimentación saludable en el ámbito laboral

Alimentación saludable en el ámbito laboral
30 abr

Alimentación saludable en el ámbito laboral

La alimentación es uno de los factores más importantes en relación a la salud general del trabajador y además repercute directamente sobre su rendimiento y seguridad dentro del ámbito laboral.

Enfermedades como la obesidad, considerada por la OMS epidemia del siglo XX, y otras como enfermedades cardiovasculares, diabetes o problemas hepáticos, aparecen como consecuencia de una alimentación incorrecta, pero además una mala alimentación ocasiona otros problemas en el entorno laboral como el cansancio, malestar, estrés, problemas psicológicos, etc., perjudicando de esta manera la calidad de vida del trabajador y su rendimiento.

Por ello es recomendable que la empresa ofrezca servicios de educación alimentaria, con el fin de mejorar la salud de sus trabajadores. Desde el punto de vista empresarial, todas las actividades destinadas a mejorar la alimentación de sus trabajadores se debieran considerar no como un gasto, sino como una inversión, teniendo en cuenta los beneficios que una buena alimentación puede conseguir en términos de bienestar del trabajador y de la consiguiente mejora de rendimiento y seguridad laboral.

Para que estos servicios de educación alimentaria sean realmente eficientes deberían adaptarse a las características de cada trabajo concreto. En este sentido se deben considerar tres factores claves que determinan el tipo de alimentación adecuada para un trabajador: tipo de trabajo, horarios y lugar donde se hace la ingesta.

En relación al tipo de trabajo, es evidente que el grado de actividad física determinará la alimentación más adecuada, por ejemplo, un trabajo sedentario, no consumirá el mismo volumen calórico que un trabajador que hace un trabajo con elevada carga física.

En cuanto a los horarios asociados a cada turno de trabajo, el colectivo con más dificultades para practicar una alimentación saludable son los trabajadores de turnos de noche, como puede ser  personal de seguridad, personal sanitario, etc., estos trabajadores suelen cometer errores nutricionales como consumir un exceso de café y snacks poco saludables para poder aguantar la jornada laboral. Es por ello que en estos casos se recomienda que la cena sea como una comida, con un volumen energético más elevado, para poder aguantar la jornada nocturna. Además, se deberían hacer pequeñas colaciones o comidas de fécula lenta para evitar una bajada del nivel de azúcar en sangre después de la ingesta (hipoglucemias). Hay que ir dosificando la energía para que el cuerpo pueda mantener sus constantes vitales de forma óptima y evitar riesgos en el trabajo como puede ser una bajada de atención, cansancio, sueño o falta de reflejos motores.

Otro aspecto a tener en cuenta es el ámbito donde se hace la ingesta. Los trabajos que exigen unas relaciones sociales constantes, como puede ser personal directivo o comercial, suelen comer fuera en restaurantes. Estos colectivos deberían recibir educación nutricional para sensibilizarlos de la importancia de la alimentación y dotarlos de criterios a la hora de elegir platos y menús de restaurantes que fueran equilibrados y saludables.

En el caso de trabajadores que comen dentro de las instalaciones de la empresa es importante que ésta disponga de comedores adaptados, con cocina propia o catering, pero siempre con menús calculados y revisados ​​por nutricionistas. Esta es la única garantía de que la dieta será equilibrada. Si la empresa no dispone de este tipo de instalaciones es recomendable disponer de una sala adaptada como comedor con un microondas para las personas que lleven su fiambrera de casa y puedan calentar su comida. En estos casos sería necesario ofrecer a los trabajadores educación alimentaria y tecnología culinaria para que tengan ideas a la hora de preparar los menús de cada día y puedan llevar una dieta equilibrada, variada pero también apetitosa.

Todos estos aspectos son los que se deben considerar para que la alimentación dentro del ámbito laboral sea la adecuada, sin embargo, no existe una dieta perfecta, sino una dieta saludable que englobe las necesidades energéticas de cada individuo, dentro de nuestro entorno de trabajo así como en nuestros hábitos de vida.

Es fundamental que la empresa destine recursos a fomentar una buena alimentación, y velar por la salud de sus empleados.

Además, una persona trabajadora sana es, en general, una persona más motivada.

Así pues, la inversión en educación nutricional es siempre rentable, tanto para la empresa como para la propia persona trabajadora.

 

Montse Pàmies – Responsable Departamento Prevención de Riesgos Laborales Activa Mutua